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Necesitamos otra mente para modificar la nuestra

Desde los enfoques psicológicos actuales, sabemos que la mente humana se forma en interacción y en comunicación con otras mentes.

Desde el principio de la vida, las primeras relaciones que establecen las personas cuidadoras con el bebé recién nacido, generan experiencias, que van construyendo la forma de conocerse, de abrirse al mundo, de sentir, de imaginar…y, más tarde, de pensar. A través de las relaciones que se irán estableciendo a lo largo de la vida, las personas vamos configurando nuestra subjetividad. Podríamos decir que nuestras mentes sanas y enfermas se construyen en equipo: un equipo muy complejo, donde una mezcla de experiencias con las culturas, los sistemas sociales y las personas significativas irán construyendo junto a nosotras un modelo mental, desde el que le daremos sentido a nuestra vida, al mundo que nos rodea y a nuestro sufrimiento.

Consideramos que ponemos poco el acento en comprender como la cultura y los sistemas sociales contribuyen a generar sufrimientos y a enfermarnos psicológicamente. Es decir, cuanto más enferma está la sociedad en la que vivimos, más enfermas estamos las personas que la componemos. Hemos normalizado vivir cansados, autoexplotarnos, recibir y ejercer determinadas violencias, aislarnos socialmente, odiar nuestros cuerpos, vivir con depresión o ansiedad, negar la muerte, temer el que colocamos en nuestro lugar diferente, odiarnos y culparnos por no llegar al ideal de maternidad, de mujer, hombre, pareja…y así un sinfín de categorías.

Por otro lado, medicalizamos en exceso el dolor psicológico: un dolor que también trasladamos al cuerpo. En nuestra sociedad, el principal tratamiento para el malestar emocional de las personas son los psicofármacos. Estos adormecen nuestras mentes.

Sin embargo, es la psicoterapia la que nos brinda la posibilidad de dar sentido a lo que nos ocurre por dentro, aliviar el sufrimiento y desarrollar recursos mentales y emocionales para transitar por la vida.

Las personas nos construimos en relación, nuestro dolor y nuestro alivio también crea equipo.


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